El sumo pontífice afirmó que “la medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada” y rechazó la “falsa compasión”.
A poco más de un mes de su llegada a Uruguay, el papa León XIV volvió a congregar multitudes durante su visita a Francia, donde este domingo unas 150.000 personas colmaron la explanada del santuario de Lourdes para participar de una misa encabezada por el sumo pontífice.
La convocatoria se sumó a las multitudinarias actividades que protagonizó durante los días anteriores: el sábado, unas 800.000 personas asistieron a la misa celebrada en la plaza de la Concordia, en París, mientras que el viernes alrededor de 300.000 fieles acompañaron su recorrido en papamóvil por la capital francesa y otros 80.000 jóvenes participaron de un oficio en el Estadio de Francia.
En ese marco, León XIV pronunció este domingo uno de los discursos más contundentes de su visita, con una fuerte condena al aborto y la eutanasia. Desde Lourdes, sostuvo que “debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión” y exhortó a los profesionales de la salud a “cuidar y no eliminar”.
“Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral”, afirmó el papa en un mensaje pronunciado meses después de que Francia aprobara, en julio, una ley que regula el suicidio asistido.
León XIV realizó estas declaraciones durante una visita al Accueil Notre-Dame, ubicado dentro del santuario de Lourdes, un centro dedicado a recibir y asistir a personas enfermas, con discapacidad o de edad avanzada. Allí destacó que “la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado”.
El sumo pontífice consideró que, en momentos en que algunas sociedades tienden “a apartar la mirada o a cerrar los ojos frente a la dignidad de la vida humana”, resulta necesario recuperar una perspectiva diferente.
“Urge ante todo cultivar, en nosotros y en los demás, una mirada contemplativa […]. Es la mirada de quien ve la vida en su profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad”, expresó.
El escenario elegido para el mensaje tuvo además un fuerte componente simbólico. Lourdes es uno de los principales destinos de peregrinación católica de Europa y recibe cada año a millones de personas, entre ellas numerosos enfermos que acuden al santuario y beben agua del manantial asociado a las apariciones de la Virgen María.
León XIV reconoció que para quienes atraviesan enfermedades y “dolores a veces terribles, el horizonte puede parecer oscuro, incierto, sin salida”, pero sostuvo que esas circunstancias no modifican el valor de la vida.
“Ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad”, afirmó. Por el contrario, agregó: “precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión”.












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